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Una historia acerca de dos guerreros
Para Saúl, todo comenzó bien. Fue ungido como rey, se le prometió el poder de Dios y se le concedieron grandes victorias en el nombre de Dios. Hasta demostró humildad, misericordia y sabiduría. Pero al poco tiempo de haber comenzado su reinado, Saúl se desvió. Su impaciencia ante el inicio de una batalla lo llevó a desobedecer un claro mandamiento de parte de Dios. Un juramento imprudente le trajo problemas a su hijo y a su país. Su tendencia a adaptar las instrucciones de Dios para que encajaran con sus propios deseos hizo que Dios lo rechazara. Un reino que comenzó con Gloria terminó en un desastre. ¿Por que? Porque el guerrero Saúl se protegío con una armadura física antes de cada batalla, pero no protegió su Corazon ni su mente. Descuidó la armadura espiritual del Rey de reyes. Aunque Efesios 6 fue escrito aproximadamente 1.000 años después del reinado de Saúl, los principios de este capitulo debían haber sido obvios para un siervo ungido de Dios. Pero Saúl fue víctima de su propio pecado y de su propia rebelión, primero con pequeños pasos de incredulidad y después con enormes pasos de desobediencia. Una lectura cuidadosa de la historia de Saúl relatada en 1 Samuel 9--31 pone de manifiesto el triste desarrollo de la vida de un guerrero desarmado. Si el cinturón de la verdad es la honestidad ante Dios y los hombres, Saúl no tenía con que sostener su ropa ni enganchar su armadura. Antes de la batalla contra los amalecitas, Dios le había ordenado que destruyera todo, pero Saúl decidió conserver lo mejor del ganado de los amalecitas y perdonar la vida de su rey ( 1 Sam. 15). Sin embargo, le dijo atrevidamente al sacerdote Samuel que había cumplido todas las instrucciones del Señor. La integridad de Saúl nunca se apegó a los absolutos. Si la coraza de justicia es la comprensión del perdón de Dios y una vida de acuerdo con el caracter de Dios, el corazón de saúl estaba desprotegido. Rechazó la declaración verdadera que Dios hizo acerca de su pecado y escuchó las voces de los espíritus acusadores que lo atormentaban. Su arrepentimiento siempre fue superficial y siempre intento justificarse en lugar de pedir perdón a Dios. La justicia estaba en sus palabras, pero no sobre su corazón. Si el calzado del evangelio de la paz es estar firmemente apoyados en la misericordia de Dios, Saúl caminaba sobre terreno resbaladizo. En muchas ocasiones careció de miscericordia; sus celos lo condujeron a una persecución apasionada de David para matarlo, y una vez que no aceptaba la gracia ni estaba dispuesto a ortogarla. No conocía la paz de Dios.
Si el escudo de la fe es creer en Dios en lugar de creer en las mentiras del enemigo, Saúl fue herido con frecuencia. Al principio, su desovediencia parecía insignificante, se dejó intimidar por las amenazas de Goliat en lugar de tener celo por la reputación de Dios, pero su engaño creció rápidamente. En las últimas etapas de su atormentada vida, hasta llegó a buscar la guía de una medium en lugar de la de Dios( 1 Sam. 28) Pasó de tener temor de las personas a sentir terror del todopoderoso. Estaba consumido por el temor y no estaba arraigado en la fe. Si el casco de la salvación es una vida de pensamiento pura, Saúl se expuso a golpes fatals. Estaba consumido por su propio raciocinio, temor, celos, ira , armagura y paranoia. Los espíritus malignos atormentaron su entendimiento con tortuosas mentiras e impulsos destructivos. Su mente era un brutal campo de combate, y el estaba del lado de los derrotados. Si la espada del Espíritu es la Palabra de Dios, Saúl estaba indefenso. En los primeros años, cuando actuaba de acuerdo con la Palabra de Dios, ganó muchas batallas. Luego de haber rechazado la Palabra de Dios, sus ataques tuvieron como resultado el desastre. En lugar de esgrimir sus armas por el bien de su pueblo, comenzó a hacerlo por su propia sed de venganza. Al final, Saúl murió en el campo de batalla, física y espriritualmente; y no es coincidencia que haya sido despojado de su armadura. El succesor de Saúl, sin embargo, era otro tipo de guerrero. Así como lo hizo Saúl, David manifesto humilidad, misericordia y sabiduría en los primeros años. A diferencia de Saúl, David se protegió con la armadura espiritual de Dios. David se aseguró el cinturón de la verdad. Cuando Natán lo confrotó con su pecado con Betsabé, David se arrepintió de inmediato confesó su transgresión delante de los hombres y, como lo muestra el Salmo 51, delante de Dios. Luego de mostrarse incrédulo al censar a las tropas de Israel, David se arrepintió y pidió que el castigo cayera sobre él no sobre la nación. David era frontal y dolorosamente honesto con Dios. David usaba la coraza de justicia. Dios describe a David como un hombre conforme al corazón de Dios (1 Sam. 13:14), y se describe a sí mismo como el Dios que se fijó en el corazón de David. Un Corazón vinculado con el corazón de Dios está protegido por una coraza impenetrable. No puede ser herido de muerte. David tenía sus pies firmemente plantados en el evangelio de la paz. Por miscericordia, perdonó al desprotegido Saúl, no una sola vez sino dos. Por misericordia, adoptó al ultimo sobrevivente de la familia de Saúl, que alguna vez habriá constituido una amenaza para él. Por miscericordia, escuchó el ruego de Abigail para que perdonara a su esposo, quien lo había traicionado negándole hospitalidad a sus tropas. Por misericordia, perdonó la vida de un hijo rebelde. David conocía el perdón y lo compartió con todos los que lo aceptaran. David tenía aferrado el escudo de la fe. No se dejó intimidar por las amenazas de Goliat. Hasta rechazó la armadura de Saúl para enfrentar al gigante. Marchó hacia el campo de batalla solo con una Honda y una enorme confianza en Dios. Y la lanza del enemigo nunca dio en el blanco.
David usó el casco de la salvación. Sumergió su mente en la sabiduría de Dios. Cuando Dios lo liberó de Saúl, David reafirmó su compromiso con los decretos de Dios como la clave para recibir el favor de Dios (Sal. 18.22). Meditó temprana y frecuentemente en la Palabra de Dios. Su mente estaba saturada con la verdad. David esgrimió la espada del Espíritu. No solo conocía la verdad, sino también la aplicaba. Cuando oró acerca de la construcción del templom le recordo a Dios sus promesa de liberación. David enfrentó valientemente a los enemigos de Dios porque tenía promesas de Dios para respaldarlo. Batalló con una ponderosa espada y murió con honor. David y Saúl no eran opuestos absolutos, al menos, no al principio. Ninguno de ellos era perfecto, ambos tenían las cualidades necersarias para ser rey. ¿Qué hizo la diferencia? Con el tiempo, uno de los guerreros luchó de acuerdo con los principios de Dios, a la manera de Dios, en el tiempo de Dios y para la Gloria de Dios. El otro peleo de acuerdo con sus propios prinicipios, sus caminos, su tiempo y para su propia gloria. Se presento desprotegido de la peor manera, se quitó la armadura de Dios. Las vidas de estos dos hombres son una ilustración adecuada para señalar la importancia de la comprensión de nuestras batallas nos recuerdan que, aunque nuestra guerra es invisible, la Victoria y la derrota no lo son. La manera en que peleemos y lo que llevemos puesto espiritualmente al hacerlo se verá tarde o temprano en una vida real y en una forma auténtica. La preparación y la ejecuión de nuestras batallas actuales pueden determiner el curso de nuestra vida y el de futuras generaciones. Por lo tanto, lo insto como un asunto de extrema importancia, a que se fortalezca en el Señor. Parese firme y permanezca alerta. Prepárese para la lucha y use sus armas. Por encima de todo, ore. Representa al mayor ejército de toda la historia, y luche por las causas más elevadas. Cuando el Rey venga en Victoria, recibirá los honores de un valiente guerrero; y la guerra invisible nunca más volverá a ser peleada. Escrito por el Pastor Chip Ingram
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